miércoles, 8 de mayo de 2013

CAPÍTULO 2: El Invitado



Capítulo 2

Comenzaron a sacar las pocas latas que quedaban aún dentro de la balsa. Era una comida segura que los alimentaría el primer día mientras investigaban la playa y parte de aquel bosque. La noche aún se cernía sobre ellos.
—¿Ya está todo? —Preguntó Michael a Thomas cuando habían terminado de sacar todas las latas del bote— Bien, esperaremos al amanecer, ahora sí tendremos posibilidades. Mientras estemos en la playa podremos ser vistos por algún avión o algún barco que pase cerca. Steve, Thomas, entremos a la selva a buscar algo de leña para hacer una hoguera. Los demás permaneced aquí.

—Sí, claro para que te lleves tú los méritos ¿verdad, jefe? —Interrumpió George— Iré con vosotros, no pienso quedarme en la playa. 

Ataron unas camisetas a unos leños que había en la playa y con ello hicieron dos antorchas. Ya internados en el bosque, poco a poco la playa iba desapareciendo a sus espaldas y comenzaron a escuchar todo tipo de sonidos que albergaba el bosque.
—Espero que luego sepamos volver de donde nos estemos metiendo —dijo Steve mientras apuntaba con la antorcha a un lado y a otro.

—Tranquilo, todo está controlado ­—respondió Thomas.

Ya hacía diez minutos que habían dejado la playa tras ellos y ya tenían los suficientes materiales para hacer la hoguera, cuando de repente, algo llamó la atención de los cuatro exploradores. Parecía como si alguien en aquel bosque les persiguiera desde hacía largo rato. Michael mandó a callar en un gesto de silencio. Adelantándose, se acercó al sitio de donde había surgido aquel ruido, apuntó con la antorcha a aquellos matorrales y, de repente, aquella cosa comenzó a correr hacia el interior del bosque. Sin pensarlo, Michael empezó a seguirlo.
— ¿Dónde vas? —gritaron los demás mientras veían cómo se perdía en el interior del bosque. Michael no respondió, y continuó con su carrera.

Cuando llegó a un claro ya estaba agotado de la persecución y al parecer aquella cosa había sido más rápida que él. Levantó la cabeza mientras se secaba el sudor de la frente. Vio la silueta de una niña frente a él a unos metros de distancia. Pudo reconocer su pelo, rubio como los salientes del sol, sus ojos verdes, iguales que su madre, y hasta la ropa que llevaba la última vez que la vio: ese vestido naranja que tanto le gustaba a ella. No había ninguna duda: era su hija. A Michael se le heló la sangre. Aquella silueta extendió la mano y, cuando Michael quiso hacer lo mismo hacia ella, se desvaneció.
— ¿Qué haces aquí? —dijeron los demás entre jadeos. 

—Nada, volvemos al campamento — Ordenó Michael, aún exhausto mirando en los alrededores del bosque.

La mañana permitió a todos los supervivientes organizar las cosas en la playa. Algunos ya habían comenzado a construirse con maderas y hojas cabañas para poder dormir las noches venideras hasta ser rescatados. Otros habían conseguido pescar algo para la comida y habían recogido algo de fruta de la isla. El fuego que habían encendido no se apagaba ni durante las horas del día, todo era poco para intentar ser vistos por cualquier barco o avión que circulara por la zona.
—Michael, pareces preocupado ¿Ha pasado algo? —dijo Lindsay mientras se acercaba con su bebé a la zona donde el policía tenía sus cosas.

—No te preocupes, estoy bien, solamente cansado, nada más…

—Estás realizando mucho esfuerzo por nosotros. Descansa, te vendrá bien. Aquí hay mucha gente que ayuda por los demás. George, por ejemplo, ha construido dos cabañas bien grandes, en las que hemos calculado que pueden dormir cuatro o cinco personas.

—No me fío de George. Habrá que mantenerle vigilado…

En ese momento, algunos desde la isla empezaron a gritar. Michael se levantó al instante y vio como todos se acercaban a la orilla. Al acercarse, observó cómo había un cuerpo flotando en el agua. Lo sacaron a la orilla, pudiendo comprobar que estaba completamente inconsciente.
—Está vivo —dijo Michael tras comprobarle el pulso—. ¿Hay algún médico?
Todos se miraban esperando a que alguien levantara la mano.

—Déjame a mi —Exclamó Lindsay acercándose al cuerpo—. Soy enfermera, y conozco primeros auxilios. 

Lindsay le realizó varios masajes cardiacos a aquel hombre de raza negra, que comenzó a respirar poco a poco, expulsando toda el agua que había ingerido. En ese momento se desvaneció nuevamente.
—Necesita descansar, llevémoslo a la playa y pongámoslo a salvo —dijo Michael. Sin embargo, horas después aquel individuo seguía tumbado en la misma postura en la que lo dejaron.

Comenzaba a hacerse de noche y muchos hablaban de aquel extraño que había aparecido de la nada. Michael, en cambio, aún seguía pensando en la extraña visión que había tenido en el bosque. Por un instante pudo ver a su hija Amy antes de que se desvaneciera. La idea de que todavía estuviera viva y, por tanto, de poder salvarla, le rondaba la cabeza, pero su sentido común sabía que no podía haber sobrevivido al hundimiento y que la visión no era más que una secuela de todo lo vivido.
— ¿Quién será ese tipo? — Preguntaba Steve mientras se sentaba junto a Michael y Thomas.

—Hemos pensado que será algún superviviente del naufragio —añadió Thomas.

—Es imposible, el barco lo dejamos a cientos de millas de donde estamos ahora. Es impensable que una persona haya sobrevivido noche y día flotando en el mar.

—Entonces, ¿qué sugieres que ha pasado? —preguntó Michael a Steve.

—Según lo que puedo saber, la única posibilidad de que haya sobrevivido al hecho de flotar en el mar es que estuviera en la isla antes que nosotros.

— ¡Eso es imposible! —se sorprendió Thomas.

—Esperaremos a que despierte y le preguntaremos quién es—propuso Michael—. Lo que sí es cierto es que ha estado a punto de morir ahogado; tendrá un buen motivo para explicar por qué andaba flotando.

Antes de continuar, Michael respiró profundamente:
—Chicos… otra cosa,  cuando seguí a lo que fuese por el bosque creí ver algo en aquel claro…

— ¿Qué viste? —preguntaron mientras se acercaban aún más.

—Será una tontería por el cansancio o por otras mil explicaciones, pero creí ver a mi hija en aquel bosque. Aquella sombra me extendió la mano y me miraba, pero desapareció a los pocos segundos.

—Creo que todos estamos muy alterados, Michael —dijo Steve—. Mejor deja de darle vueltas y concéntrate en dormir. Por la mañana daremos una batida hasta donde podamos de la isla para certificar que no hay ningún otro grupo de personas aquí. Thomas asintió y ambos se levantaron, dejando pensativo a Michael bajo su improvisada cabaña.
 
George se encontraba caminando por la orilla y decidió acercarse a Claire.
—Hola, guapa. ¿Ya te encuentras mejor? —dijo arrogante. 

—Preferiría estar sola —dijo sin inmutarse si quiera.

—A mandar preciosa, si necesitas un hombro donde llorar, ya sabes. —dijo alejándose de donde estaba ella tras guiñarle el ojo. Luego caminó hacia donde estaba Thomas.
—Hola, viejo Rambo. ¿Nuestro negrito invitado ha hablado o ha callado para siempre?

           —Aún no ha despertado, por la mañana nos encargaremos de que pueda hablar —dijo Thomas intentándose tumbar.

                —Me gustaría estar presente, no quiero parecer despreocupado del grupo. Soy un chico muy comprometido…

                —Sí, se te nota. Pero estate tranquilo, no eres el único que se preocupa por los demás, por eso todos estaremos alerta — dijo, dejando caer una leve indirecta.

                A la mañana siguiente, Michael se levantó. No había podido dormir. Eran demasiadas las cosas en las que pensaba: aquel hombre rescatado, la desconfianza que le generó George desde el roce que tuvieron en la barca, el misterio que poseía aquella isla, pero sobre todo, la visión de su hija. Para despejar la mente, decidió ver qué tal estaba el extraño hombre que encontraron el día anterior. Todavía seguía tumbado y parecía no haberse movido en toda la noche. De repente, ante la mirada de Michael, aquel hombre parpadeó hasta abrir completamente los ojos, y con cara desencajada gritó: ‘’¡Si no salimos de la isla, estamos todos muertos!’’.

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